Cilindro de Ciro

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Cilindro de Ciro

El Cilindro de Ciro es una pieza cilíndrica de arcilla, datada entre 539 y 500 a.C., que contiene una declaración en caracteres cuneiformes acadio babilonio del rey persa Ciro el Grande (559-529 a. C.). El texto legitima la conquista de Babilonia por parte de Ciro II y toma medidas políticas para ganarse el favor de sus nuevos súbditos.

Fue descubierto en 1879 por el arqueólogo asirio-británico Hormuz Rassam durante la excavación del templo de Marduk en Babilonia. Consiste en dos fragmentos, llamados "A" y "B". El primero permaneció en el Museo Británico desde su descubrimiento, mientras que el segundo fue alojado en la Universidad de Yale hasta su traslado al Museo Británico, donde se encuentra actualmente. El cilindro fue encontrado en los cimientos de la muralla de Babilonia donde fue depositado tras la captura de la ciudad por Ciro.

El Cilindro de Ciro en un sello iraní

El 12 de octubre de 539 a. C. (calendario juliano, 7 en el calendario gregoriano, 15 de Tashritu en el calendario babilonio) el ejército persa entró en Babilonia sin resistencia. El 29 de octubre, el propio Ciro llegó a la ciudad, asumiendo los títulos de "rey de Babilonia, rey de Sumer y Acad, rey de los cuatro extremos del mundo".

A pesar de contener secciones en las que Ciro habla en primera persona, la redacción del cilindro le fue encomendada a sacerdotes babilonios, quienes utilizaron modelos babilonios y asirios. El cilindro fue depositado en los cimientos de las murallas de Babilonia, una práctica habitual en la antigua Mesopotamia, para conmemorar las reparaciones hechas por Ciro.

Personalidades como Mohammad Reza Pahlevi (el último Sah de Irán) o la Premio Nobel de la Paz iraní Shirin Ebadi han destacado el valor humanístico del Cilindro de Ciro; se lo ha llegado incluso a llamar "Primera Declaración de los Derechos Humanos". En su discurso de aceptación del premio Nobel (2003), Shirin Ebadi afirmó que el cilindro "debería ser estudiado en la historia de los derechos humanos".

De todos modos, numerosos historiadores han destacado que declaraciones de este tipo no eran extrañas en las tradiciones mesopotámicas, y que, si bien acaso inusualmente generoso, el Cilindro de Ciro de ninguna manera puede ser relacionado con los derechos humanos.

Texto en el Cilindro

Una imitación del Esagila fabricó (sc. Nabonido) [...] en Ur y los demás centros de culto.
Un ordenamiendo del culto totalmente inapropiado [...] recitaba a diario y -cosa sobremanera perversa- interrumpió la presentación regular de ofrendas [...] colocó en los centros de culto. La devoción a Marduk, rey de los dioses, eliminó de su mente.
Una y otra vez hacía lo que era pernicioso para su ciudad. A diario [...] destruía a todos sus [súbditos] con un yugo interminable.
En respuesta a sus lamentaciones, el Enlil de los dioses (Marduk) se enfureció mucho [...] el territorio de ellos. Los dioses que vivían en ellos abandonaron sus moradas, a pesar de su cólera (¿) los trajo a Babilonia. Marduk [...], a todos los lugares, cuyas moradas estaban en ruinas, y a los habitantes de Sumer y Acad, que se habían vuelto como cadáveres, volvió su mente y se tornó misericordioso. Buscó por todos los países, (los) examinó, buscó un príncipe justo que se adecuara a su corazón, y lo tomó de la mano: Ciro, rey de Anshan (en el Fars), lo llamó, y para que se hiciera con el dominio de la totalidad pronunció su nombre.
A Gutium y a todos los Ummanmanda (probable alusión a los medos) los hizo vasallos soyos. Al pueblo de cabeza negra, al que (Marduk) permitió que sus manos (de Ciro) vencieran, protegió con justicia y equidad. Marduk, el gran señor, que se preocupa por su pueblo, miró con delactación sus buenas obras (de Ciro) y su recto corazón.
(Marduk) le ordenó (a Ciro) que fuera a Babilonia e hizo que tomara el camino de Babilonia. Como amigo y compañero caminó a su lado.
Sus numerosas huestes, cuya cantidad era inmensa como el agua de un río, marchaban con sus armas a su lado.
Sin combate y sin lucha le permitió entrar en la ciudad de Babilonia. Salvó a Babilonia de la opresión. A Nabonido, el rey que no lo honraba, lo puso en sus manos.
Todos los habitantes de Babilonia, el país de Sumer y el país de Acad en su totalidad, príncipes y gobernadores se postraron de hinojos ante él, besaron sus pies, se alegraron de que fuera el rey; sus rostros estaban resplandecientes.
“El señor, que con su ayuda ha devuelto a los muertos a la vida, que en (un momento de) desastre y opresión ha beneficiado a todos”, así lo celebraban llenos de alegría y ensalzaban su nombre.
Yo, Ciro, rey del universo, rey poderoso, rey de Babilonia, rey de Sumer y de Acad, rey de los cuatro cuartos, hijo de Cambises, gran rey, rey de Anshan, nieto de Ciro, gran rey, rey de Anshan, descendiente de Teispes, gran rey, rey de Anshan, semilla eterna de la monarquía, cuyo reinado fue amado por Bel y Nabú y cuya monarquía tuvieron a bien que fuera agradable a sus corazones – cuando entré en Babilonia pacíficamente, erigí, en medio de vítores y aclamaciones, la sede del señorío en el palacio del soberano, Marduk, el gran señor, [...] a mí el gran corazón, [...] de Babilonia, a diario me preocupé de su culto.
Mis numerosas huestes desfilaron pacíficamente a través de Babilonia. No permití que se levantara ningún alborotador en todo el país de Sumer y Acad.
La ciudad de Babilonia y todos sus centros de culto mantuve en buen estado.
A los habitantes de Babilonia, [que] contra la voluntad [de los dioses...] un yugo inapropiado para ellos, les permití que encontraran descanso a su fatiga, los liberé de su servidumbre.
Marduk, el gran señor, se regocijó con mis [buenas] obras.
(Este texto sigue describiendo las ofrendas de culto de Ciro, la restauración de los santuarios y el regreso a ellos de los deportados; termina con los edificios que levantó en Babilonia y el hallazgo que realizó de una inscripción de Assurbanipal) (Berger, 1975; TUAT, 1, pp. 407-410).

Imágenes

Cilindro de Ciro, anverso
Cilindro de Ciro, reverso
Cilindro de Ciro expuesto en el Museo Británico

Vea también

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