Día Internacional contra la Mutilación Genital Femenina

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Día Internacional contra la Mutilación Genital Femenina

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el 6 de febrero Día Internacional contra la Mutilación Genital Femenina o Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina (en inglés: International Day of Zero Tolerance to Female Genital Mutilation). La mutilación genital femenina es reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos de las mujeres y niñas.

Esta conmemoración tiene su origen el 6 de febrero de 2003, cuando la Primera Dama de Nigeria, la señora Stella Obasanjo, hizo la declaración oficial de Cero Tolerencia contra la Mutilación Genital Femenina, durante la conferencia organizada por el Comité Interafricano sobre Prácticas Tradicionales que Afectan la Salud de las Mujeres y los Niños (IAC por su sigla en inglés).

La mutilación genital femenina es una práctica que implica la alteración o lesión de los genitales femeninos por motivos no médicos y que internacionalmente es reconocida como una violación de los derechos humanos. Se consideran mutilaciones genitales femeninas todos los procedimientos que implican la ablación (corte, separación) parcial o total de los genitales externos femeninos o la lesión de los órganos genitales femeninos que no respondan a razones médicas. La mutilación genital femenina carece de beneficios conocidos para la salud y se asocia a una serie de riesgos a corto y largo plazo para la salud física, mental y sexual de la mujer.

La mutilación genital femenina es una manifestación de una desigualdad de género profundamente arraigada. En algunas sociedades se considera un ritual iniciático; en otras, es un requisito para el matrimonio. Algunas comunidades, tanto cristianas como judías o musulmanas, le atribuyen un fundamento religioso no justificado.

La mutilación genital femenina puede considerarse un elemento importante de algunas culturas, por ello es difícil para las familias optar por no someter a sus hijas a esta práctica. Los que la rechazan pueden ser condenados o aislados por sus comunidades. Incluso los padres que no quieren que sus hijas se sometan a una mutilación genital femenina pueden sentirse obligados a ello. Por ello es muy importante alentar el abandono colectivo, es decir, cuando el conjunto de una comunidad decide no perpetuar la mutilación genital femenina. Muchos expertos opinan que la mutilación genital femenina solo podrá erradicarse mediante el abandono colectivo.

La mutilación suele practicarse en niñas de entre 4 y 10 años; habitualmente es realizada por una partera tradicional o una anciana experimentada de la aldea. Se trata de una tradición pre-islámica y no en todos los países musulmanes se practica. En los Países del Golfo, por ejemplo, salvo en Omán, la mutilación genital femenina no es frecuente.

Según datos de la OMS a mutilación genital femenina afecta a unos 140 millones de niñas y mujeres y cada año más de 3 millones de niñas corren riesgo de sufrirla. Para el año 2030, alrededor de 86 millones de niñas más serán sometidas a esa práctica.

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