Derechos humanos de segunda generación

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El derecho a una vivienda digna es un derecho humano de segunda generación

Los derechos humanos de segunda generación[1] (en inglés: second-generation human rights) denominados también derechos de la igualdad, son fundamentalmente los derechos económicos, sociales y culturales, como el derecho a la salud, la educación, el trabajo, la vivienda, la alimentación, la cultura,... Aseguran a los diferentes miembros de la ciudadanía igualdad de condiciones y dedignidad y trato.

Incluyen el derecho al trabajo, a la educación, a una vivienda digna, a la salud, a la seguridad social, a prestaciones por desempleo,... Comenzaron a ser reconocidos por los gobiernos después de la Primera Guerra Mundial. Al igual que los derechos de primera generación, también están incluidos explícitamente en la Declaración Universal de Derechos Humanos y, además, incorporados en los artículos 22 al 27 de la Declaración Universal y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

Si los derechos civiles y políticos (o derechos humanos de primera generación) fueron reconocidos, entre otros, en la Revolución francesa, a finales del siglo XIX y principios del XX, el movimiento obrero y la aparición de partidos de ideología socialista, empieza a demandar el reconocimiento de los derechos civiles y políticos como libertades formales. La dignidad humana descansa en el reconocimiento de los derechos civiles y políticos y los derechos económicos sociales y culturales.

El triunfo de las revoluciones rusa y mexicana supusieron un importante apoyo al reconocimiento de los derechos de segunda generación. Los Estados surgidos de estas revoluciones tratarán de instaurar los derechos humanos de segunda generación de manera efectiva.

Vea también:

Los derechos humanos de segunda generación surgen como resultado de la II Guerra Mundial y la victoria de la coalición internacional antifascista[2]. Estos derechos parten de la idea de garantizar la base material del ejercicio de los derechos fundamentales de la primera generación y, por lo tanto, hacer posible el ejercicio en igualdad de derechos fundamentales de la ciudadanía democrática. Muchos de ellos aparecen en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 19488 (art. 22-27) y fueron desarrollados en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966, que entró en vigor en 1976.

Los derechos humanos de segunda generación requieren de una actividad positiva del Estado para llevarlos a la práctica. Los ciudadanos habrán de reivindicar al Estado su interveción para la garantía y protección de estos derechos.

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Referencias

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